El incremento en la esperanza de vida de perros y gatos ha transformado las dinámicas de atención veterinaria. Al convivir más tiempo con sus tutores, las mascotas enfrentan una mayor incidencia de enfermedades asociadas al envejecimiento, siendo la Enfermedad Renal Crónica, una de las condiciones más recurrentes en la medicina actual, especialmente en animales de edad avanzada.
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La ERC (Enfermedad Renal Crónica) se define como la pérdida progresiva y gradual de la capacidad de los riñones para filtrar desechos y mantener el equilibrio de minerales y líquidos en la sangre. Debido a que esta patología suele avanzar de forma silenciosa, los expertos enfatizan que la detección temprana es el factor determinante para preservar la calidad de vida del animal.
Prevalencia según la edad
Mientras que en la población general de perros se estima una afectación de entre el 0,5 % y el 1 %, y en gatos de entre el 1 % y el 3 %, el escenario cambia en los animales de mayor edad.
Se especula que en los felinos, el riesgo se eleva notablemente a partir de los siete u ocho años, alcanzando una prevalencia de hasta el 80 % en gatos mayores de 12 años. En el caso de los perros, aunque la prevalencia es menor, el riesgo también aumenta en la etapa mayor, situándose habitualmente por debajo del 10 %.
Independientemente de la raza, los animales mestizos también presentan una incidencia relevante debido a su alta representatividad en el censo de mascotas, como ocurre en el contexto colombiano.
Señales de alerta para los tutores
Carolina Rubio, médica veterinaria de Royal Canin, explica que la naturaleza “silenciosa” de la ERC hace que muchos cuidadores no identifiquen los síntomas en las fases iniciales.
“Cambios como que el gato o el perro tome más agua u orine con mayor frecuencia pueden parecer normales, pero son señales de alerta. Cuando estos síntomas se hacen evidentes, el riñón ya puede haber perdido una parte importante de su capacidad funcional”, puntualiza la especialista.
Otros signos clínicos que requieren evaluación veterinaria incluyen:
- Pérdida de peso progresiva.
- Disminución notable del apetito.
- Episodios de vómito.
- Letargo o cambios en los niveles de actividad habitual.
- Mal aliento (halitosis) y cambios en la textura del pelaje.
El manejo clínico: un enfoque integral
- Exámenes de sangre y orina: Son la única forma de confirmar si los riñones están fallando. Se recomienda un chequeo anual hasta los 7 años y cada 6 meses después de esa edad.
- Nutrición especializada: El pilar del tratamiento es el cambio de dieta. Los veterinarios recetan alimentos formulados para reducir la carga de trabajo del riñón. Estos alimentos ayudan a controlar los desechos en sangre y frenan el avance de la enfermedad.
- Hidratación dirigida: Es vital asegurar que la mascota consuma suficiente agua. Los especialistas recomiendan el uso de fuentes de agua (especialmente para gatos) o dietas húmedas (latas) para mantener los riñones funcionando mejor.
Ante la presencia de cualquier síntoma, la recomendación profesional es acudir a un médico veterinario para confirmar el diagnóstico mediante exámenes clínicos, evitando la automedicación o la omisión de signos que, a simple vista, podrían parecer parte natural del envejecimiento.