El fallecimiento de Ricardo Noriega, doctor en matemáticas y docente de la UBA, marcó un quiebre irreparable en la vida de su hermano Gustavo. A más de 30 años de aquel invierno de 1992, el periodista recuerda a quien fuera no solo un familiar, sino su guía intelectual y afectiva. “Fue una muerte tan inesperada, tan injusta, tan brutal. Estaba en un departamento de Once y, dos meses después, ya no estaba”, rememoró Noriega sobre la rapidez con la que el cáncer de pulmón terminó con la vida de su hermano a los 47 años.
Para el entrevistado, Ricardo representaba una figura de autoridad protectora, a pesar de que el propio Gustavo admite que, a la distancia, hoy lo ve como “un muchachito”. Durante el podcast, destacó la importancia de aquel mentor que le enseñó a leer cuando él tenía apenas cinco años. “Me abrió el mundo de los libros; es algo que todavía me da mucha emoción”, confesó sobre las escenas grabadas en su memoria, como el aprendizaje con el clásico libro Upa.
Consultado sobre cómo sobrellevó la ausencia de alguien que actuaba como “factor aglutinante” en su familia, Noriega explicó que su proceso de duelo nunca cerró en términos convencionales. En cambio, su vínculo con la memoria de Ricardo se mantuvo vivo a través de la herencia cultural. Un hallazgo fortuito en Internet, donde una desconocida mencionaba poseer libros con la firma de su hermano, terminó siendo para él un cierre simbólico. “Esa biblioteca era una extensión de la mía; fue un momento muy emocionante saber que esos libros seguían circulando”, señaló.
La entrevista aborda cómo la figura de Ricardo se ha trasladado, de manera asombrosa, a la relación entre los hijos del periodista. Al observar la dinámica entre Francisco y Elías, Noriega encuentra un consuelo profundo. “Veo que Elías lo ve a Francisco como yo lo veía a Ricardo; es un refugio y un espejo de lo que yo tuve”, afirmó conmovido. Según Noriega, ese vínculo fraternal actual funciona como un homenaje constante a la sombra de su hermano.
Finalmente, ante la pregunta sobre si existe una forma de finalizar el duelo, el periodista reflexionó sobre la naturaleza de su experiencia. “No hay un proceso de finalización, sino que la presencia se transforma en otra cosa; el diálogo continúa”, concluyó, reafirmando que, a través de la lectura, el fútbol y el recuerdo compartido, Ricardo sigue ocupando un lugar central. El relato evidencia que, más allá de la partida física, la influencia de los seres queridos perdura en los gestos, las pasiones y los lazos que construimos en el presente.