Las mezcladoras de cemento rugen sin tregua, el metal choca contra el metal y el eco del trabajo pesado retumba contra la montaña donde está la vereda Palenque del corregimiento de San Cristóbal, occidente de Medellín.
En este universo dominado por botas pantaneras y cascos de seguridad, donde la fuerza física dicta la norma diaria, camina con paso firme Gladys Marín Ospina.
No tiene que empuñar un mazo u operar maquinaria amarilla para que todos allí sepan que es una guerrera. Ya esa fama se la ganó hace casi un año, cuando cruzó el umbral de este terreno baldío buscando simplemente sobrevivir.
Gladys Marín y su hijo Alejandro trabajan juntos en una obra Foto:Jaiver Nieto Álvarez
Actualmente, esta mujer de 43 años ayuda a cimentar el futuro de cientos de niños. Y no forja este destino sola: a su lado, hombro a hombro, suda y aprende su hijo Alejandro.
Hace catorce años que Gladys echó raíces en Palenque, pero la vida le mostró recientemente su rostro más inclemente. El desempleo la ahogaba tras finalizar su labor como auxiliar de enfermería en Bello. Ese vacío laboral chocó de frente con una crisis personal cuando su esposo abandonó el hogar.
Gladys Marín y Alejandro Álvarez Marín. Foto:Jaiver Nieto Álvarez / El Tiempo
La tristeza y la incertidumbre amenazaron con quebrarla. Sin embargo, en medio de la tormenta, la respuesta llegó en forma de un contrato relámpago: dos horas para limpiar una oficina en la nueva obra del sector, el futuro jardín Buen Comienzo Chambacú.
Ese breve lapso bastó. El ingeniero a cargo notó su temple de acero y le ofreció quedarse. Hoy, a punto de cumplir su primer año en el proyecto, Gladys es la pieza clave que ensambla múltiples tareas, destacándose como auxiliar de enfermería para el batallón de trabajadores que levanta la estructura.
Vínculo forjado en concreto
Gladys Marín y su hijo Alejandro trabajan juntos en una obra Foto:Jaiver Nieto Álvarez
La historia de Gladys adquiere su verdadero peso al entrelazarse con la de su sangre.
En la casa que comparten en soledad, la rutina arranca antes de que salga el sol. Madre e hijo se levantan, preparan el día y salen juntos a enfrentar el rigor de la construcción.
“Tenemos muy buena comunicación”, confiesa ella con el pecho inflado de orgullo. “Acá, dentro de la obra, más nos unimos. Me siento orgullosa de saber que trabajo con él, porque no cualquier mamá trabaja con un hijo”.
Gladys Marín y su hijo Alejandro trabajan juntos en una obra Foto:Jaiver Nieto Álvarez
Alejandro Álvarez Marín, de 23 años, conoce bien la frustración que atravesó su madre. Él también padecía el rigor del desempleo, hasta que Gladys lo impulsó a entregar su hoja de vida en la obra. Tras tres meses de tensa espera, la constructora lo llamó para integrar las filas como ayudante.
Lejos de sentir el peso de la autoridad materna en el campo laboral, Alejandro encuentra en ella un ancla.
“Me he sentido muy bien. En los cargos que me han puesto he aprendido mucho”, relata Alejandro, ajustando su postura entre el andamiaje.
Saber que uno fue parte de todo esto. Es algo muy lindo, porque es un legado de la familia
Alejandro álvarezTrabajador del Buen Comienzo Chambacú
Trabajar con su madre le resulta natural y provechoso: “Se identifica mucho uno con ella y comparte más, la verdad. Esto es muy beneficioso porque me va a ayudar para hacer otras cosas. Aprendo más y puedo ser hasta un oficial de obra”.
Para el joven, el esfuerzo va más allá de un salario; es una misión con fecha de entrega.
“En unos meses voy a sentir mucha felicidad porque hoy uno está aquí, y luego voy a poder ver a los niños entrando al jardín y saber que uno fue parte de todo esto. Es algo muy lindo, porque es un legado de la familia”, cuenta el muchacho.
Trabajar entre hombres
Gladys Marín y su hijo Alejandro trabajan juntos en una obra Foto:Jaiver Nieto Álvarez
En la obra, Gladys se mueve con una autoridad serena entre decenas de obreros. La construcción, históricamente estigmatizada como un entorno áspero y hostil para las mujeres, se ha revelado para ella como un espacio de dignidad.
“Me siento feliz trabajando en medio de tantos hombres porque existe mucho respeto”, afirma con contundencia. Ella sabe que ocupa su lugar por derecho propio. Si debe ausentarse para realizar una diligencia, el vacío resuena en los cimientos; sus compañeros buscan de inmediato a Alejandro para preguntar: “¿Qué le pasó a su mamá? ¿Regresa a la obra?”.
Con cada jornada, Gladys quiebra moldes y pavimenta un camino seguro para las que vienen detrás. Su mensaje para las demás es un grito de batalla: “A todas las mujeres les digo, a las que somos guerreras desde el principio, que una obra también nos trae beneficios. Nosotras podemos aprender lo que hacen los hombres; somos unas guerreras en cualquier parte”.
Gladys Marín y su hijo Alejandro trabajan juntos en una obra Foto:Jaiver Nieto Álvarez
No apilan ladrillos por inercia; erigen el Jardín Buen Comienzo Chambacú. Visualizan el día en que el cemento gris dé paso a los colores primarios y las risas infantiles inunden los pasillos.
El orgullo de ver una obra levantada desde la nada absoluta alimenta su espíritu. Cuando el proyecto se inaugure, Gladys tiene claras sus palabras para el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, cuando inaugure la obra: “Bienvenido a su obra, alcalde. Gracias por hacer algo maravilloso y darle empleo a los que realmente lo necesitamos, permitiendo que sea gente de la misma comunidad la que construya para la comunidad”.
Lo que debe saber del Jardín Buen Comienzo
Obras Buen Comienzo Chambacú Foto:Alcaldía de Medellín
Con una inyección de capital que supera los 21.000 millones de pesos, este ambicioso proyecto de infraestructura educativa ya ha cruzado el umbral del 60 % de ejecución.
La magnitud de la obra se refleja no solo en los recursos destinados, sino en la promesa que representa para el territorio. Se trata de uno de los ocho nuevos jardines infantiles proyectados para el actual cuatrienio, diseñado específicamente para transformar la atención a la primera infancia.
La edificación, pensada al detalle para el desarrollo integral de los menores, contará con unas instalaciones de primer nivel. Su diseño arquitectónico despliega 12 salas de atención, comedor, cocina y espacios administrativos, todo complementado por una amplia terraza recreativa, un aula múltiple, modernas baterías sanitarias y zonas técnicas.
El jardín infantil Buen Comienzo Chambacú ya está en obra.
Llevamos un 30% de avance del proyecto y estamos generando 146 empleos 👷🏻. Una inversión de más de 20.000 millones de pesos para que los niños y niñas tengan el mejor lugar para crecer y soñar ❤️.Gracias… pic.twitter.com/VaAit1NTtC
— 𝐈𝐧𝐞𝐬𝐃𝐞𝐥𝐀𝐥𝐦𝐚𝐌𝐢𝐚 (@InesBetancur1) November 22, 2025
Más allá del cemento y el ladrillo, el impacto social y económico de la obra es innegable. Hasta la fecha, la construcción ha dinamizado el sector con la generación de más de 370 empleos directos. De esta fuerza de trabajo, 43 puestos han sido ocupados por el talento femenino, un dato que consolida la política de inclusión en la ciudad.
De hecho, la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU), operador de la obra, reporta que más de 400 mujeres han participado activamente en los distintos proyectos de obra pública durante la actual Administración Distrital.
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Con la mirada puesta en la recta final, el calendario marca una meta clara: se espera que el proyecto finalice sus labores de construcción entre junio y julio de 2026.
Una vez abra sus puertas, el jardín tendrá la capacidad de albergar a 300 niños, materializando así el esfuerzo de trabajadores como Gladys y Alejandro en un espacio vital para el futuro de la comunidad.
ALEJANDRO MERCADO – @AlejoMercado10
Periodista de Nación
Medellín
Video y fotos:
JAIVER NIETO ÁLVAREZ – @Jaiverpress
Fotoperiodista de Nación
Medellín