Fue hace 24 años cuando monseñor Isaías Duarte Cancino fue asesinado. Había terminado la ceremonia para impartir el sacramento del matrimonio a 105 parejas en el oriente de Cali. En ese momento, uno de los dos sicarios en moto le propinó cuatro disparos.
Era la noche de ese 16 de marzo de 2002, cuando monseñor Duarte Cancino salía de la parroquia El Buen Pastor, del barrio Ricardo Balcázar. Fue uno de los episodios más dolorosos en la historia de la capital del Valle del Cauca.
La población lloró por monseñor, quien hoy es recordado porque sembró la semilla del Banco de Alimentos, una obra que beneficia a más de 40.000 necesitados en la ciudad en diversas instituciones.
‘No más secuestros’ fue una de las consignas que decía el inmolado monseñor Isaías Duarte Cancino. Foto:Archivo. EL TIEMPO
“Hoy elevamos una oración por su eterno descanso y pedimos al Señor que su testimonio siga inspirando a la Iglesia y a la sociedad a trabajar por la vida, la justicia y la paz”, fue el mensaje de la Arquidiócesis de Cali, 24 años después del magnicidio.
El entonces arzobispo de Cali también fundó colegios , una universidad en el sur de la capital vallecaucana y más hogares para habitantes de la calle.
Sobre quiénes estarían detrás de este asesinato que generó el rechazo de todo un país, la investigación apuntó a una temida alianza entre narcotraficantes de Antioquia y del Valle.
Para ello, contrataron a una poderosa red de sicarios de Medellín que habría cobrado 240 millones de pesos por ejecutar el crimen.
Esa ha sido la hipótesis en estas dos décadas sobre los autores intelectuales de este asesinato.
De acuerdo con la investigación, un día después del asesinato del prelado, un hombre se presentó ante el desaparecido DAS para entregar información.
Dijo que ocho personas fueron las encargadas de la vuelta . Con base en ese testimonio se logró la captura de Carlos Augusto Ramírez Castro ‘El calvo’, y de Alexánder de Jesús Zapata Ríos ‘El Cortico’ , quienes fueron señalados como los autores materiales del magnicidio.
Con ese testimonio y en el que entregó otro hombre, los investigadores pudieron establecer que otros seis hombres, conocidos con los alias de ‘Nano’, ‘Toño’ , ‘Canga’ , ‘Guigo’ , ‘El loco’ y ‘Robinson’ también participaron en el crimen.
Las versiones de las autoridades establecieron una alianza entre los narcotraficantes de Medellín y del Valle, con una red de sicarios para asesinar a monseñor Duarte Cancino.
Asimismo, la justicia había señalado que la cúpula de las Farc era la responsable, pero el Tribunal Superior de Cali revocó la decisión por considerar que los testimonios en ese entonces en la investigación no eran lo suficientemente sólidos.
En el transcurso de estas dos décadas han sido asesinados algunos de los directamente vinculados al proceso, como ‘El calvo’, en mayo del 2002 en la cárcel de Palmira, dos meses después del crimen de monseñor Duarte; John Jairo Jiménez, alias ‘Basilio’ y quien habría contratado a los sicarios en Cali, además de John Jairo Maturana, alias ‘Marimba’, y Luis Alberto Muñoz, ‘Millón’, vinculados a una banda sicarial.
Fue hace 24 años que EL TIEMPO estuvo horas antes con monseñor Isaías Duarte Cancino, en esa parroquia durante la ceremonia masiva de matrimonios. EL TIEMPO habló con él ese día y hoy revive esos momentos en el artículo titulado ‘Su última ceremonia’, publicado por esta periodista, el 18 de marzo de 2002.
La última ceremonia de su vida
Monseñor Isaías Duarte Cancino sonreía bajo los pies del gigantesco Cristo del altar de la iglesia El Buen Pastor.
El arzobispo de Cali observaba al párroco Oscar De la Vega organizar al centenar de parejas que llegaron de diferentes barrios del oriente de Cali en busca de bendición a unas uniones que en algunos casos llevaban más de 30 años.
La iglesia con capacidad para 400 personas estaba atiborrada de familiares de los novios y curiosos. La multitud llegaba hasta la calle, donde tampoco fue suficiente el centenar de sillas plásticas de color blanco que compró el padre De la Vega. Más de 700 personas ocupaban el interior y el atrio de la parroquia.
“Siento una alegría muy grande porque hay parejas que llevaban 45 años juntas y al fin pudieron santificar su amor con la bendición de Dios”, comentó el prelado minutos antes de iniciar la última ceremonia de su vida.
“Estaba feliz y a la vez sorprendido del matrimonio masivo en la pequeña iglesia adornada con bombas blancas y una decena de adornos florales. Hace dos años bendije a 60 parejas por el año del Jubileo, pero lo de hoy alcanza dimensiones gigantescas y es una muestra de que la gente quiere vivir en paz con Dios y dejar atrás el pecado”, dijo monseñor una hora antes de que dos jóvenes de cabezas rapadas le provocaron la muerte. “Por eso vine a casarlos yo mismo”, agregó.
El arzobispo llegó a las 6:30 de la tarde a la parroquia, donde el entonces padre De la Vega convocó desde noviembre del año anterior (2001) a quienes vivían en unión libre, garantizándoles que la iglesia se haría cargo de los costos de los documentos necesarios para los matrimonios.
Tranquilo y confiado, monseñor caminaba entre los feligreses a empujones. La ceremonia inició con la marcha nupcial. El centenar de parejas se abrió paso entre fotógrafos, familiares y amigos.
El padre Joaquín Cortés, entonces rector del Seminario de la Arquidiócesis de Cali, siempre estuvo cerca de monseñor, quien llegó sin ninguna protección. Muchos asistentes ocuparon el altar.
Los adultos estuvieron de pie y los niños en el piso, a poco metros del arzobispo.
“Solo voy a decir dos palabras”, dijo minutos después del Evangelio. “Quiéranse y respétense”.
Luego bromeó al recomendar a los nuevos esposos nada de violencia, porque “hay hombres muy guapos que les pegan a las mujeres, pero las mujeres tampoco se quedan atrás: no pegan, pero usan la lengua”.
Una hora después de iniciar el matrimonio masivo, el prelado se acercó a cada una de las parejas. “A cada una casaré y les preguntaré si están seguros del paso que van a dar”, afirmó a EL TIEMPO en esa época.
Raúl Dávila, tenía 65 años y estaba con Rosalba Tascón. La pareja convivía desde 44 años atrás. Estaban nerviosos cuando monseñor se les acercó. Junto a esta pareja, oriunda de Calima-El Darién, se encontraba uno de sus cuatro hijos, que también se casaba.
“Estoy orgulloso de ustedes”, repitió monseñor. “Estoy muy feliz”.
La ceremonia finalizó a las 8:15 de la noche. Monseñor se quedó un rato más en la calle, felicitando a algunos de los nuevos esposos.
Edilberto Ceballos, conductor del prelado, durante los siete años que estuvo como arzobispo de Cali, lo esperaba a unos metros de la parroquia.
A las 8:30 de la noche se escuchó la balacera que disipó la multitud. ¡Mataron a monseñor!, gritaba la gente que huyó a sus casas.
CAROLINA BOHÓRQUEZ RAMÍREZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Cali