Monday, March 2, 2026
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En las desgracias propias hay que acordarse del estado de conformidad con el que miramos las ajenas

by admin7
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Nacida en la Antigua Grecia, la escuela filosófica estoica es una de las corrientes de pensamiento que volvieron a estar en boga en los últimos años. Las reediciones de libros de Séneca y Marco Aurelio, la viralización de sus frases en redes sociales y su uso en charlas motivacionales le dieron un empuje inesperado.

Fue Zenón de Citio (334 – 262 a.C.) el creador de esta filosofía que pronto ganó seguidores en la Antigua Grecia y, posteriormente, en la Antigua Roma. Según los estoicos, todo puede pensarse mediante una ética personal, un sistema lógico y una ley de relación de causa-efecto. Es decir, aferrarse a lo racional y comprensible y no dejarse llevar por factores externos.

El estoicismo destaca la importancia del conocimiento práctico, la templanza ante situaciones adversar, el coraje y la justicia, entre otras. Además, para estos filósofos, el conocimiento y la virtud son una y la misma cosa.

En una sociedad caracterizada por la incertidumbre, la frustración y la constante comparación con otros, estos principios filosóficos mantienen una relevancia que puede resultar sorprendente.

Epicteto: “En las desgracias propias hay que acordarse del estado de conformidad con que miramos las ajenas”

La frase atribuida al filósofo Epicteto (55-125 d.C.) propone un ejercicio de perspectiva y coherencia, porque solemos observar las desgracias ajenas con cierta calma o resignación y reconocer a la adversidad es parte de la condición humana. Sin embargo, cuando los problemas nos afectan directamente, a menudo reaccionamos con quejas, ansiedad o ira.

El mensaje central es que la actitud que aplicamos al observar el sufrimiento externo debería aplicarse también al nuestro. Mantener un “estado de conformidad” implica aceptar la realidad (idea central del estoicismo), entender que la adversidad es inevitable y actuar con serenidad en lugar de dejarse arrastrar por emociones descontroladas.

Estas palabras no aparecen de manera textual en ninguna de las obras que se conservan de Epicteto.

Sin embargo, en el Enquiridión, podemos leer algunas ideas semejantes como “No son las cosas las que atormentan a los hombres, sino la opinión que se tiene de ellas”, o “Lo que inquieta al hombre no son las cosas, sino las opiniones acerca de las cosas” o “Recordad que no basta con que te hieran o te insulten para resultar dañado; debes creer que has sufrido daño”.

El gran pensador y filósofo Epicteto (55-125 d.C.) nació en Hierópolis (actual Turquía) y fue esclavo hasta que su amo, Epafrodito, le otorgó la libertad poco después de la muerte del emperador Nerón en el año 68.

Su amo le había permitido estudiar con un gran maestro estoico, Musonio Rufo, de quien tomó muchas de las ideas que desarrollaría más adelante.

Una vez liberado, Epicteto abrió su propia escuela y enseñó filosofía hasta que el emperador Domiciano expulsó a todos los filósofos de Roma en el año 89.

En Nicópolis (Grecia), creó otra escuela, a la que asistió el historiador Arriano, cuyas notas de clase sirvieron para dejar constancia del pensamiento de su maestro.

Según Arriano, el Enquiridión y los Discursos son transcripciones literales de las discusiones que el filósofo mantenía con sus alumnos.

En un mundo dominado por el estrés, la comparación social y la incertidumbre, esta frase de Epicteto, “En las desgracias propias hay que acordarse del estado de conformidad con que miramos las ajenas”, ofrece herramientas prácticas para la vida cotidiana de hoy:

La enseñanza sugiere que mirar la propia desgracia con la misma conformidad que la ajena es un ejercicio de madurez emocional y de libertad interior. Nos invita a ser consistentes en nuestra actitud frente a la vida, sin permitir que las emociones descontroladas dominen nuestra experiencia.



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