Un día aparece sobrevolando Tuluá en su parapente, también puede sorprender acariciando una víbora patoco, o hablando de las propiedades de cualquier flor exótica en los lugares más majestuosos de Colombia.
Sus más de 500 mil seguidores en redes sociales lo conocen como Bioaventura, pero su nombre real es Cleyderson Fernando Tejada Martínez.
Su vida está llena de anécdotas, algunas de las cuales ha contado abiertamente en sus contenidos, con los que, asegura, trata de enseñar a grandes y chicos a aprender sobre la naturaleza, a respetarla, pero también a cumplir sus sueños.
“Yo tenía una panadería en Suba, una localidad de Bogotá, y las cosas no fluían, no estaba en el lugar que me hacía feliz”, le dijo a SEMANA.
Y cómo serlo. En ese sitio, al que se fue en busca de un mejor futuro del que creía vivir en su natal La Unión, Valle, sufrió desde un ataque a puñal por parte de barras bravas de Millonarios hasta las inclemencias de la pandemia del Covid.
“Una vez estaba jugando Nacional, toda mi familia es hincha de Nacional, ese día me regalaron una camiseta, me la puse y unos hinchas de Millonarios casi me matan de una puñalada, ahí yo dije, esta ciudad no es para mí, dije renunció a Bogotá, esta ciudad no es para mí”.
Entonces regresó a La Unión, donde a sus 14 años dos pilotos de parapente que aterrizaron al respaldo de su casa le enseñaron los secretos de ese deporte extremo.
“Tomé la decisión de realmente buscar mi felicidad, tenía una motico y la vendí, me compré una cámara gopro, un celularcito y empecé a sacar lo que tenía desde niño, esa pasión por el aire libre, quería transmitirlo en mi contenido”, relató.
Empezó a hablar de parapente, confundió por un momento su esencia, de contar sobre lo extremo, la naturaleza, con videos sobre la elaboración de buñuelos y pan, pero la vida se encargó de mostrarle el camino.
“Duré toda una noche pensando en mi proyecto, y lo puse Bioaventura por lo que quería enseñar. Empecé a trabajar con amor, empecé a coger fuerza en las redes sociales y hasta que un día me grabaron una serie llamada Un nuevo fin del mundo que se transmitió por la televisión pública”, recordó.
En búsqueda de ese sueño no solo ha conocido los que para él son algunos de los lugares más hermosos de Colombia, como Caño Canoas, en la Sierra de la Macarena, en el Meta, también ha tenido que enfrentarse a la muerte o resignarse a verla como se lleva a algunas de las personas que lo rodean.
Por ejemplo, recordó un 4 de mayo, cuatro días antes de su cumpleaños, cuando el paracaídas auxiliar de su parapente le falló. “Fue en La Unión, el paracaídas nunca me abrió y ahí supe que las cosas tenía que hacerlas con más responsabilidad, eso me dio a mí un mensaje de que tenía que formarme como un buen piloto, caí de unos cien metros más o menos y gracias a un árbol que me sostuvo la caída, ese día que pudo ser el último día de mi vida, no lo fue”, describió.
“Ahora soy un piloto de parapente de hace 16 años, me destaco volando con personas, me con eso me ayudo para patrocinarme mis aventuras, también cross country y soy piloto sencillo, donde practico mis acrobacias”, explicó.
Aunque el parapente también le ha dado alegrías, como la que alcanzó en el momento en que decidió combinar su pasión por las motos con el de sobrevolar, y realizó un vuelo único en los llanos orientales en uno de los retos más grandes que ha asumido.
Ese día conoció a Luis Adriano Sanabria, el parapentista que meses después moriría al ser elevado de manera inmisericorde por una ráfaga de viento en Villavicencio.
“Pude aportar un granito en su búsqueda, lo conocí el día que aterricé con la moto, también conocí a su hijo”, contó el deportista extremo.
Cleyderson Tejada, Bioaventura, sobrevolando en moto y parapente los llanos orientales. Foto: Suministrado a Semana
Otra de sus grandes pasiones está en la naturaleza. Bioaventura ha estado en el Amazonas, Guainía, Caquetá, Putumayo, Chocó, Nariño, el Huila, Quindío, Risaralda, en el Suroeste antioqueño, el Nordeste antioqueño, el Meta, en Caldas, y en su natural Valle del Cauca buscando plantas exóticas, animales exóticos que le permitan contar una buena historia.
En esas correrías ha podido interactuar con cerca de 50 especies de serpientes de las cerca de 300 que hay registradas en Colombia.
“Voy llegando a cincuenta especies entre venenosas y no venenosas, he tenido por ahí ocho especies venenosas en mis manos: las corales, las mapaná, que son las bothrops asper o bothrops bilineatus, las patoco o porthidium, la cascabel, que es llamada crotalus, y ahora la lachesis, que es el verrugoso”, indicó.
Precisamente, toparse con esta, considerada la víbora más grande de América y una de las víboras más grandes del mundo era su sueño. Y lo consiguió hace poco.
El 28 de febrero publicó en sus redes: “Frente a la Reina de la Selva: el Verrugoso, la Mamá de Todas las Víboras”. Ese día, en el Cañón de las Garrapatas, en límites entre el Valle y Chocó, tuvo frente a frente la sombra de la muerte.

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“Tenía mucho respeto hacia ella porque para mí era algo nuevo, nunca me había encontrado con ese animal tan grande, tan imponente, un animal cargado de tantos mitos, de tantas leyendas, es un animal que en Colombia y todo latinoamérica lo tienen muy estigmatizado por tantas leyendas que lo rodean”, narró.
Al estar ante la lachesis acrochorda, como se le conoce a este animal, se bloqueó y tuvo que soltarla.
“La cogí, la manipulé, la tuve solo 41 segundos en mis manos, no fui capaz con ella, cuando iba a grabar y me bloqueé, tantos años estudiándola, y me quedé en blanco”, recordó.
Era un ejemplar juvenil, de unos 170 centímetros, pero para Bioaventura era un animal grande. “Apenas sentí que ella quería zafárceme, la largué, sentía que podía llegar a causarme algún accidente”, manifestó.
Lo que vino después aún lo tiene sorprendido. “Cuando terminé de manipularla me agarró un dolor de cabeza horrible, me sentía como borracho, como mareado, hoy día me pregunto por qué me pasó eso”, se preguntó.
En caso de haber sufrido un accidente, contó, las reacciones hubieran sido, inicialmente, un dolor muy intenso en el lugar de la mordedura, acompañado por hemorragias, después daños en las células, y quizá un daño irreversible que en casos extremos podría significar la muerte.

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“Hay que andarle rápido, donde puedan suministrar los sueros antiofídicos”, señaló. Por eso, siempre carga estas medicinas en sus mochilas y así seguir soñando con alguna vez salir del país y con conocer Sucre, Córdoba, Boyacá, La Guajira, rincones de Colombia que le falta por conocer y los cuales solo ha visto en los libros que le han enseñado lo que sabe de la naturaleza, de los deportes extremos.
“Es que solo hice hasta el bachillerato. El resto ha sido leyendo, me gusta leer mucho sobre supervivencia, sobre la naturaleza. Aunque también he recibido ayuda, por ejemplo de un primo que vive en Bello, Antioquia, que me enseñó las primeras cositas para editar, ya después me volví como un cineasta”, aseguró.