Frentero, temperamental, inquieto y ‘pa’ las que sea’, como dirían en su natal Villavicencio (Meta) ‘todo un vaquero’, son algunas de las cualidades que le permitieron a Audel Rojas sobrevivir a la guerra entre Rusia y Ucrania, y contar el cuento de una experiencia en la que soñaba ganar mucho dinero para ayudar a su familia, pero terminó entendiendo que la verdadera riqueza fue llegar a salvo a su tierra tras la tragedia de un conflicto internacional de gran magnitud.
Extenuado, con un casco con una pequeña linterna en la parte frontal, las botas desgastadas y las palmas de sus manos, casi tan tiesas como las de una piedra, soltó una pequeña pala para hacer un receso en su labor como minero, para reflexionar sobre lo que parecía ser el ‘sueño ucraniano’ que, más allá del dinero, le dejó enseñanzas.
En algunos batallones ucranianos, colombianos denunciaron tratos humillantes y denigrantes. Foto:TikTok: jhonoviedooviedo
“Eso se volvió peligrosísimo, ya no es como antes, que uno ya iba más a la fija y a realizar directamente el proceso al batallón que era. Ahora, esto se ha vuelto un negocio de supuestas agencias de viaje que se encargan de llevar gente, pero al llegar, les quitan los pasaportes y los dejan abandonados o los incorporan a batallones donde no les pagan lo acordado y los terminan maltratando. Hay muchas cosas muy malas”, asegura Rojas.
El espejismo del bienestar en una guerra
Atraído por los jugosos salarios que prometían en Ucrania por sumarse a sus filas, Rojas, al igual que muchos colombianos, se fue casi sin pensarlo por esa causa, porque consideraba que era “mejor morir peleando en otro país por mucha plata, que de hambre en Colombia”.
Su experiencia como militar en el Batallón N.° 4 agregado a Tumaco (Nariño) y los meses que trabajó como vigilante lo convertían en un candidato predilecto.
Recuerda que hizo de todo para reunir el dinero de los tiquetes y viajar a Kiev, la capital ucraniana, y realizar el proceso de incorporación.
“En el proceso, trabajaba en lo que fuera, lo que me dio la posibilidad de reunir unos pesos para poder irme a Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, donde varios amigos me habían dicho que había buenas posibilidades de hacer algo de dinero. Fui dando vueltas y conociendo hasta que di con un bar donde me tocó hacer hasta de striptease. Allí reuní los más de 700 dólares para viajar y también para algunos gastos que tenía en mi casa”, recuerda.
Los colombianos en el exterior son considerados de alto nivel, gracias a su preparación e instinto. Foto:EFE
Y su oportunidad finalmente llegó: a través de un video en redes sociales, donde orientaban sobre las convocatorias para colombianos, hizo el papeleo y se fue en busca del ‘sueño ucraniano’. Recuerda que estaba imparable, tanto que ni el idioma nunca fue una barrera para poder comunicarse, pues como colombiano que se respete nunca se vara, descargó un traductor que se puede usar sin conexión, que le permitió comunicarse con los puntos de incorporación de voluntarios, tanto en Kiev como en Ternopil.
“Yo fui el primero de noviembre del 2023 y el 18 ya firmé mi primer contrato y estuve en el batallón Karpatska Sich, conformado solo por ucranianos y que contaba con buenas condiciones para sus militantes.
“Me gustó mucho, porque si a usted lo herían, lo sacaban, o si fallecía, su cuerpo lo envían a la familia sin costo alguno, por eso me sentía que no me iban a dejar botado”, explica Rojas.
Sobre los pagos, cuenta que inicialmente se hacían en dos partes: “El día 10 consignaba Ucrania, unas 20 mil grivnas, y del 20 al 28 lo hacía la OTAN, aproximadamente 10 mil grivnas, que son entre 11 a 13 millones de pesos, dependiendo como se cambien”.
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Dosis de una cruda y cruel realidad
Aunque Audel Rojas tenía conocimiento de armas, en sus primeros meses en Ucrania debió aprender sobre muchas más, incluso, hasta colocar minas y todo tipo de elementos para atentar contra las vidas de otras personas.
Adicionalmente, empezó a sentir la tensión y el poco sueño, debido a la intensidad de los ataques rusos, cuyas incursiones daban fuertes golpes a los ucranianos.
“A finales del 2023 hubo una avanzada de más de 600 rusos, con dos compañeros estábamos tratando de bajar a uno que estaba muerto en una carreta y en ese trayecto nos detectaron los rusos que estaban lanzando misiles dirigidos y me caían cerca, incluso, algunas esquirlas me impactaron en el casco, y cuando sentí que no podía más, recordé a mi hija y eso me dio fuerzas para repeler y lograr sacar el cuerpo del compañero”, recuerda Rojas sobre uno de los tantos sustos que vivió en el frente de ataque.
También recordó que sintió miedo, al quedarse paralizado mientras era atacado por rusos. Solo reaccionó cuando un compañero lo agarró de manera violenta y lo arrastró hasta una trinchera.
Se desconoce de manera oficial el número de colombianos muertos en la guerra Rusia – Ucrania. Foto:EFE
Una ‘pequeña’ Colombia en el Ejército de Ucrania
En los contingentes que estuvo conoció a varios colombianos de todas las condiciones sociales, incluso, algunos pertenecientes a los grupos armados ilegales contra los que combatió.
“Conocí desde desmovilizados de la guerrilla, exparamilitares o que han integrado grupos armados en Colombia, que buscan pelear por una buena causa y resarcirse con la sociedad, y de paso, ser el orgullo de sus familias. Pero en general, hay policías, tenientes, patrulleros, incluso, hasta un arquitecto que nos sorprendió al repeler solo una avanzada rusa”, comenta Rojas.
Su última temporada en Ucrania fue la más cruda: aseguró que les incumplían con los pagos, los maltrataban los mismos ucranianos. Además, conocieron casos en los que muchos colombianos fueron desaparecidos y otros, muertos de manera misteriosa.
Luego de varias luchas tuvo que pagar cerca de 20 millones de pesos colombianos para que lo dejaran libre.
El despertar de una dura realidad
Con algunos pesos ahorrados logró conseguir algunas comodidades para su esposa y pequeña hija en Villagarzón, Putumayo, donde compró un bar. No era la vida de millonario que se imaginó en Ucrania, pero sí una con una fuente de ingresos fija. Sin embargo, la vida le volvió a enseñar que la ‘guerra’ no había terminado.
“Mis trabajadores me empezaron a robar y a jugar sucio, así que vendí el bar y me fui con mi familia a una zona minera por mi tierra, donde paradójicamente, me quedé buscando piedras preciosas y logro ganar lo suficiente como para vivir bien, eso sí, trabajando muy duro”, reflexionó Rojas, quien también se la rebusca criando gallos de pelea, otra de sus pasiones.
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‘La guerra ya no es negocio’
Johnny Cortes, exmilitar colombiano enfocado en temas de táctica también se dejó seducir por el ‘sueño ucraniano’, con el fin de mejorar sus finanzas y tener su propia academia de vigilancia.
Sostiene que en el Ejército colombiano, en el que estuvo cuatro años como operador táctico de fuerzas especiales, las condiciones de los militares son difíciles: “Uno trabaja para salvaguardar la paz, ganándose 1’600.000 pesos en ese entonces, como soldado profesional, arriesgando la vida a sol y agua para aspirar a comprar una casa”. Por eso, Cortés, decidió embarcarse no solo en Ucrania, también en Emiratos Árabes Unidos (cinco años). Aunque logró el capital para cumplir su sueño, considera que la guerra ya no es negocio. Aunque es consciente de lo duro que es arriesgar la vida en un conflicto armado, piensa que estando bien informado se pueden tomar mejores decisiones.
José Aron Medina (derecha) y Alexander Ante (centro al fondo), están prisioneros en Rusia. Foto:Archivo particular
La ‘pesadilla’ ucraniana para dos colombianos
El ‘sueño ucraniano’ se convirtió en un infierno para varios colombianos, en especial, para José Aron Medina, quien dejó su natal Morales (Cauca) para irse a Ucrania y buscar un mejor bienestar para su familia. Sin embargo, por una jugada del destino, junto a Alexander Ante, oriundo de La Plata (Huila), fue condenado a 13 años de prisión en Rusia al ser acusados de actuar como mercenarios contra ese país.
Astrid Medina, hermana de José Aron, recuerda que todo estaba listo para su llegada el 19 de julio del 2024 a Colombia. Según el itinerario de su vuelo, partió el 18 de julio, desde las 5: 45 a. m. desde Varsovia (Polonia) para luego hacer trasbordo en España y luego a Caracas (Venezuela), donde se haría cambio de avión para Bogotá, luego Cali y finalmente Popayán.
Recuerda que le perdió la pista a su hermano cuando se comunicó por última vez con ella desde Venezuela.
Según mencionó un amigo de la familia que estaba en el vecino país y que tuvo contacto con un policía de Caracas, los colombianos portaban prendas distintivas del ejército ucraniano, lo que llamó la atención de las autoridades de ese país y posteriormente procedieron a capturarlos y enviarlos a Rusia, nación con la que en ese entonces, sostenía lazos cercanos.
Mientras tanto, en la casa de José Aron, la fiesta que le tenían preparada para su cumpleaños se quedó armada y se transformó en angustia y tristeza.
Finalmente, en mayo del 2025, un tribunal de Moscú, en la región ocupada de Donetsk, condenó a Ante, de 48 años y a Medina, de 37, a 13 años de prisión.
“No hemos recibido información sobre mi hermano desde su condena. Su abogado ya no está a cargo del caso y ahora la Embajada debería brindarnos apoyo, pero no hemos tenido respuesta. La situación es frustrante y no tenemos recursos para actuar. Mi hermano ha sido trasladado a una colonia de máxima seguridad y seguimos sin saber su paradero exacto. Solo confiamos en que Dios lo ayude”, comentó Astrid Medina.
Sobre las personas que toman la decisión de ir a combatir a Ucrania, Astrid reflexiona: “Yo les aconsejaría que no se vayan a poner en riesgo su familia ni la libertad de su familia. El sufrimiento de la familia no es algo bueno, es un dolor profundo”.
Colombianos siguen siendo apetecidos
Para el analista militar, general (r) Pedro Federico Przychodny Jaramillo, la búsqueda por un futuro mejor por parte de exmilitares colombianos no va a parar por ahora, pese al desestímulo que hay por la guerra en Ucrania.
“El exmilitar colombiano es muy apetecido por gobiernos extranjeros, incluso por carteles mexicanos”, comenta el analista táctico.
Explica que aquellos que son reclutados por empresas civiles los contratan para incorporarlos a estructuras armadas con fines de confrontar a ciertos gobiernos. “En ese caso sí son mercenarios y se inclinan por los colombianos, porque están muy capacitados y es poco lo que tienen que invertir en preparación”, agrega el analista.
Para el analista Pablo Federico Przychodny, los soldados buscan mejores tratos, más que dinero. Foto:iStock
Dignidad militar
Para Przychodny Jaramillo, general retirado y quien por varias décadas sintió el rigor del conflicto armado colombiano y presenciar muchos finales tristes de varios de sus excompañeros, más allá de pelear unos ‘chelines’ se debe ahondar en las verdaderas razones del por qué muchos talentos y ‘Héroes de la patria’ deciden abandonarla y buscar un mejor futuro.
Considera que históricamente se ha pensado que el soldado colombianos es mal pago y no recibe lo que verdaderamente debería por arriesgar su vida en las diferentes confrontaciones contra la variedad de grupos armados que hay en el país.
Y, pese al aumento salarial que han tenido, para el analista militar, el tema va mucho más allá de lo monetario.
“En el contexto actual hablan mucho de mejorar la dignidad del soldado en todos sus escalafones y niveles. Se debe tener en cuenta que los soldados tenemos un concepto de dignidad que va mucho más allá de un sueldo, y es el que tiene que ver con las condiciones con las que desarrolla su misión, decir, que tenga su uniforme, que le proporcionen su debida alimentación, que tenga su descanso, sus permisos, pero sobre todas las cosas, un trato justo. Ese es ese es el ambiente digno en el que el soldado desarrolla su trabajo y debería ser así. Entonces, no es un carácter monetario”, explica.
Aunque reconoce que el sueldo es muy importante, señala: “Una buena remuneración no compra la dignidad”.
“La dignidad se construye con todas esas condiciones, buen trato, buenas dotaciones, elementos para hacer su trabajo, un equipo de transporte que le garantice su seguridad, una unos alojamientos que le garanticen su descanso. Así se construye la dignidad de los soldados, no se compra”, reitera el general en retiro y analista.
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